Una mezcla entre pan
y silencio.
Sos un chico agraciado,
Que de vez en cuando elige la sal
Para adornar su encanto.
Yo sigo ese rastro inherente a mi cuerpo,
Que por cuestión del tiempo,
Ha usurpado mi mente
Con sombras de arena
y un color pardo.
Tanto esa sonrisa,
que a veces se sume de llanto,
O ese atmosférico humor en las tardes
o mañanas,
Forman un espacio, una órbita
alrededor de tu iris,
Cada una con dos o tres lunas,
acurrucadas en tu ojo.
Se te ve caminando por cualquier espacio,
Y sos capaz de producir presagios,
Con cada gota que tu mano toca,
Y que desde lejos, llega hasta mi boca.
Sos un conjunto de ese polvo de estrellas,
De la sal de aquel rastro,
de la arena de tu llanto,
de ese atmosférico humor alrededor de tus ojos,
de tus dos o tres lunas del iris,
del espacio y del presagio que intuí,
por esas y otras mil señales,
que tomé de tu tacto y tu boca,
para que se encarnaran en la ronda
de un baile que inventé para tenerte siempre,
Inherente a mí.
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