De mañana, abriré mi ventana,
y verás inherente el deseo.
Suavemente iniciaré mi día,
dejando de lado el tormento,
de la ineludible nostalgia
de tu voz.
Caminaré por las calles de tu pecho,
andaré por las colinas de tu amor,
surgiré del caudal de tus miedos,
abrazaré el desenfreno de tu sol.
Mientras tanto me poso en tu espalda,
como un águila a la espera de cazar,
y suavemente recorro tu oreja,
como siendo una estrella en un mar.
Después de tanto preludio,
me acerco a tus ojos,
te muerdo las mejillas,
y suavemente ataco tu boca,
dejandola suave
y sin salida.
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