
Ante mi, recae de nuevo el eterno cuestionamiento de los demás sobre el ya afamado tema: "¿te vas a dedicar a la música?"
Sí.
Me voy a dedicar a la música.
Y cuando esas palabras salen de la boca, hay dos opciones: que te digan que les parece genial, o que se queden con la boca abierta pensando la estupidez que estás a punto de cometer con tu vida.
La vocación es como el sombrero seleccionador, nos coloca en donde debemos estar, y éste siempre tendrá la razón del por qué. Y si además de esto, la decisión que tomó por nosotros fue tan correcta que nos hace (o nos hizo) enteramente felices, es ahí cuando nos damos cuenta que fue la vocación quien nos seleccionó, no nosotros a ella.
En este instante, estamos en un lapso de actividad recíproca. Vos le das a tu vocación lo mejor, y ella se encarga de devolverte los frutos y de abrirte puertas; si ellos son lo suficientemente maduros y fuertes para hacerte enfrentar un nuevo reto. Y así vamos de la mano, recorriendo camino, como bien lo dijo Eduardo Galeano: "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar".
Y desde afuera seguiremos escuchando: ¿como se te ocurre? Eso no te va a dejar plata, tenés que pensar en tu futuro....
Y es verdad... Sí. Es verdad.
Pero yo quiero un futuro en donde yo pueda ser feliz y disfrutar de lo que hago, con cargas al hombro, con frustraciones, pero con esas cosas que te en vez de entristecerte te dan ganas de seguir caminando, de luchar con coraje cada día de la vida... porque en fin, para eso es la vida, para disfrutarla.
Es un hecho. Quiero ser exitosa. Y tengo tantos sueños, que parecen utopías, pero como ya lo mencioné antes, éstas son para hacerme y hacernos caminar.
Cuando la vocación te quema las pestañas, te produce migrañas, dolores de cuello, de muñecas, te provoca callos que parece que van a salir caminando solos, te da tristezas, inseguridades, temores de lograr lo que añorás, horas interminables de estudio o práctica, semanas llenas de cosas relacionadas con ella que ni tiempo de ir al baño te dan, cuando vas a clases con una gripe terrible, con un dolor de ovarios espantoso, con un dolor de espalda insoportable... y cuando todo eso junto y más, aún así no te detiene para seguir adelante, ahí estás. Al frente de tu vida, de tus sueños, de tu hazaña por lograr eso que tanto amas. Tu vocación, tu vida tu felicidad.
Entonces, no me importa si sos músico, médico, abogado, ingeniero, odontólogo, maestro, paleontólogo, arquitecto, sociólogo, ambientalista, teólogo, carpintero, taxista, barrecaños, vendedor de chances, secretario, administrador, conseje, psicólogo, masajista, lo que sea. Si en tu corazón late esa pasión, y te hace feliz, eso es lo que sos y serás. Alguien como pocos que ama lo que hace, que da su vida por ello, y que hace que eso conlleve a la felicidad. Si vas a hacer algo o alguien en tu vida, dá lo mejor de vos, y sé la persona más feliz que jamás alguien haya conocido, porque de alguna u otra forma, vas contagiando a otros, porque quieren ser tan felices como vos, y se van a dar cuenta de que la felicidad no es cuánto dinero ganés, o que carro tengás, o la cantidad de hectáreas que mida el terreno para tu futura casa, sino los pequeños detalles que hacen de tu vida un paraíso cada vez que abrís los ojos y entrás en la única realidad de tu vida: tu vocación, tu vida, tu felicidad.
PD: creo que ninguno de nosotros queremos llegar a decir lo que se narra en el dibujito :)
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