martes, 4 de agosto de 2009

Te cambio tu frase por la mía

Te cambio tu frase por la mía,
sé que al fin y al cabo,
las dos necesitamos de ellas.
Te cambio tu silencio por el mío,
aveces deseamos ser un ente pensante
fuera de este cuerpo adherido a este nido.
Seé que tu finalidad y la mía
pueden parecer muy diferentes,
pero al fin y al cabo,
somos dos mujeres,
dos simples enamoradas de las letras,
de las metáforas que salen de nuestros dedos
y más que todo eso junto,
unas simples enamoradas del amor.
Sabemos que estamos ahí,
para las dos a cualquier hora
y en cualquier momento,
sabemos que somos dos,
para ahogar el mar de un lado a otro
y sentarnos en el centro de ese
espacio sin ocupar.
Te leo de vez en cuando,
y cuando lo hago
es esto lo que provoca,
que me inspiras, amiga,
tanto que quiero cambiarte esas frases
por las mías,
y asi formar otra nueva historia,
otra nueva hazaña,
donde de tu mente
salga la proxima frase
que me cure,
y de la mía,
talvez una que otra inspiración
para vos o para quien sea,
pero espero que sea para vos,
porque lejos o cerca,
siempre te tengo
plantada en este estero de pensamientos,
esperando a que de todo esto,
salga una nueva historia
para cada una de las dos.



Para Naty, con todo mi corazon.
TNT NAAAT!

lunes, 3 de agosto de 2009

Presagio

Sos polvo de estrellas,

Una mezcla entre pan

y silencio.

Sos un chico agraciado,

Que de vez en cuando elige la sal

Para adornar su encanto.

Yo sigo ese rastro inherente a mi cuerpo,

Que por cuestión del tiempo,

Ha usurpado mi mente

Con sombras de arena

y un color pardo.

Tanto esa sonrisa,

que a veces se sume de llanto,

O ese atmosférico humor en las tardes

o mañanas,

Forman un espacio, una órbita

alrededor de tu iris,

Cada una con dos o tres lunas,

acurrucadas en tu ojo.

Se te ve caminando por cualquier espacio,

Y sos capaz de producir presagios,

Con cada gota que tu mano toca,

Y que desde lejos, llega hasta mi boca.

Sos un conjunto de ese polvo de estrellas,

De la sal de aquel rastro,

de la arena de tu llanto,

de ese atmosférico humor alrededor de tus ojos,

de tus dos o tres lunas del iris,

del espacio y del presagio que intuí,

por esas y otras mil señales,

que tomé de tu tacto y tu boca,

para que se encarnaran en la ronda

de un baile que inventé para tenerte siempre,

Inherente a mí.

martes, 23 de junio de 2009

Laberinto


Estoy hurgando en el humbral de mi vida. Entre el límite de la vida y la muerte, donde un cinco no vale ni un bledo, y una palabra me salva la vida. Estoy a la mitad de una pesadilla que comienza a tomar forma y ya tiene pies. He visto como la gente se convierte en máquinas para hacer pájaros donde se transforman en una especie con un ritmo constante sin poder parar, o en animales domésticos, y hasta hacen piruetas con tal de que les den de comer. Yo ya no estoy para esas cosas, yo ya he vivido demasiado. Soy un viejo silvestre, que en mi juventud me jacté de mi hermosura para poder seducirlas. Hoy por hoy, ya no soy más que un títere usado y pasado por tantas manos que estoy totalmente desgastado. Años atrás la gente se sentía atraída por aquel que tenía mil motivos para poder vivir, y vaya que los tuve, porque de no haber sido por eso, no estaría sentado en este banco decidiendo si partir o irme de aquí. No muchachos, son dos cosas muy distintas, partir significa dejar todo lo pasado a un lado y encaminarme a un rumbo desconocido, e irme lejos de aquí es dejar este banco y comenzar a caminar. Ustedes tienen una vida fácil, les dan de comer, o simplemente encuentran la comida, se ganan el cariño de cualquier persona, y son jóvenes, jóvenes... Eso es lo que desearía ser yo otra vez. ¿Entonces me van entendiendo porque mi pesadilla ya tiene una mano mas? Es difícil explicar lo que es la vejez sin siquiera estar en su piel, y yo pensé que a mi edad tendría muchas cosas, pero veanme aquí, hablando con ustedes, planteándome por que no tengo mas compañía que la suya. No, no, no se ofendan, quise decir que de no haber sido por el laberinto en el que me metí, no estaría hablando con ustedes. Son buenos, ¿saben? Ustedes no le hacen daño al mundo, y mas bien, me dan su mano. Grandes chicos, sin duda alguna. Pues bueno, ya les dije la palabra clave de mi monstruo: este laberinto. Este miedo a morir, a no valer nada para nadie, a dejar mi vida terrenal para pasar a ser parte de una sarta de quien sabe que cosas y quien sabe en donde, en dejar que mi cuerpo sea alimento se seres que morirán en tres días, me aterra, si, lo confieso. ¿A ustedes no les da por pensar en esas cosas? No no no, cierto, tienen razón, son demasiado jóvenes. Entonces ven que mi pesadilla tiene base sólida, no? En esta soledad es difícil no aferrarse a lo poco que uno tiene, y es por eso que tengo que decidir pronto, antes de que esa pesadilla se torne realidad. Pero ustedes, muchachos, son los únicos que saben escuchar, los que me han sabido advertir lo que debo o no debo hacer. Cruzar la calle es una decisión difícil, ¿saben? Nunca sabes que te irá a pasar en el camino, o que habrá al otro lado. Pero ustedes no dudan, solo tienen precaución, y con sus instintos cruzan, y ya. Son admirables amigos, por eso los quiero, y sin ustedes aquí, no sería nada. ¿Que tal si nos vamos de una vez? ¿Si partimos y no le damos tregua al mundo para que decida por nosotros si podemos vivir? Vamos de una vez ya, es hora de salir del laberinto, ¿y saben que? Creo que estoy viendo la salida allá, al este, ¿la ven? Ese círculo amarillo reluciente. Vamos amigos, que se nos hace tarde, la salida se mueve y solo podemos decidir una vez al día. Son fieles, mis caballeros, mis radiantes amigos caninos. Me han dado su pata tantas veces, que de ahora en adelante seré yo quien les de mi mano.

viernes, 15 de mayo de 2009

Recordatorio

Abro las ventanas de mi día, me baño, y por un accidente mi abuela encontró el celular de mi padre en el fondo de la lavadora. Voy a buscar mi antiguo celular para que él tenga al menos algo que usar. Lo enciendo, (por cierto, lo cambié hace 2 años, pero nada de lo que quedó en su memoria se ha borrado) y comienzan a aparecer los recordatorios de cumpleaños desde el mes de abril y mayo, y las notas que tenía guardadas... Cumple Lau 19 , Cumple Shenuk 14, y finalmente... Cumple Chivi 19. En ese instante me invadió un sentimiento extraño, algo que llevaba mucho tiempo de no sentir: su ausencia. Me quedé inmóvil durante unos segundos, tratando de procesar la información porque a veces suelo ser un poco lenta. Pongo el celular en la mesa, y le recuerdo a mi abuelita lo que significaba el día de ayer, y me responde: "Ay mamita... Ella es un ángel. Y está celebrando su cumpleaños con la divinidad del Señor, como un ángel merece celebrarlo". ¿Que mejores palabras podés recibir de alguien con tanta sabiduría? Fui a encenderle una velita en honor a su nombre, y vi que ya mi abuela la había encendido.
Ahora aquí sentada, escribiendo, con un par de lágrimas que me ruedan por mis mejillas, tan sólo recordando y pensando, te veo en mi mente, te abrazo y te beso, te canto feliz cumpleaños como lo hice hace 5 años... TODOS los santos días del mes de mayo! ¿Te acordás? Estoy segura de como sería tu reacción... me da risa pensar en eso.
Sé que aveces tengo tantas cosas en mi mente que por ciertos lapsos de tiempo no te tengo presente en mi mente, pero sé que la culpable de que el celular de mi padre ahora haya pasado a una vida mejor (jaja) fuiste vos, porque me hiciste ver que hay pequeños detalles tan importantes, que pueden llegar a cambiar un día totalmente. Un simple celular, un simple recordatorio, que me sirvió para recordar que también vos me recuerdas...
Fuiste vos Chivi.
Fuiste vos la causante de muchos cambios en mi vida... Que hasta ahora comprendo.
Gracias a vos la persona que más añoraba en mi vida me ayudó a ver el sol de nuevo.. Y vos sabés quién es.
Gracias mi Chivi preciosa.. Porque sos y siempre serás mi mejor amiga.
Te amo,
Feliz cumpleaños.

lunes, 9 de febrero de 2009

Las ganas de ser

Estuve poco tiempo sentada en una tierra desconocida. Pero fue suficiente como para entender que ni ahí ni en ningún lugar se pueden esconder los problemas. Podés estar al lado de alguién o estar completamente solo, que ellos andan revoloteandote sin necesidad de pagar transporte u hospedaje, porque son parte de vos. Cuando menos los necesitas es cuando aparecen y juegan a la crueldad con la armonía se suponía que tenías en ese instante.
Cinco segundos son suficientes para devorar los mas afines pensamientos de tranquilidad. Entonces es cuado comienza un interminable diálogo con vos mismo y tus problemas, y terminas en un juicio, siendo vos la víctima de tus propias acusaciones. Ellos no tienen piedad a la hora de reprocharte cada centímetro de imperfección que reside en tu vida, ni de lastimarte a vos mismo (lo cuál me parece irónico, porque sin estar involucrada alguna persona externa que se supone, son las que generalmente lastiman, terminas solito hacíendote pedazos).
Entonces, podés físicamente estar disfrutando de un lugar paradisiaco, mientras por dentro te estás dando con un látigo en el alma.
Te cuesta procesar la información que te da la persona que está al lado, porque tenés una guerra de papeles, de tiranos, de mentiras, de miedos y verdades que nunca has podido afrontar.
Y... Acaso ellos tienen la culpa?
He de decir, que siendo víctima reciente de ellos, desafortunadamente no. Son como una plaga de algún insecto que se reproduce a partir de, digamos, una fruta que dejas que se pudra. Yo tengo la culpa de eso. Entonces basándome en esta comparación, podría decir que dejo que mi mente se pudra para que la plaga de problemas crezca cada vez más. ¿Seré una idiota o que es lo que me pasa? Porque realmente esto no tiene un sentido. He leído, escuchado y hasta he dado consejos más de una vez con la frase de que "para que los problemas no ocurran, tenés que enfrentarlos" y bla bla bla... Y lo peor de todo es que actúo como una total ignorante cuando se trata de aplicar eso en mi vida.
A veces me siento a charlar con mis miedos, con miedo a que me de aún más miedo. Bueno, pensándolo bien, su especialidad es el miedo, entonces su trabajo es llenar a la gente de distintos tipos de ellos, de diferentes especialidades. Entonces es cuando comprendo un poco más la raíz del asunto. Ellos son como el postgrado de la carrera de inseguridad... Y me río, porque comparándolos con esta tontería, todo comienza a tomar sentido para mí.
Esto me está gustando, entonces voy a continuar.

Sin mirar a nadie

Se te siente en tu nombre la simpleza de ser,
la facilidad con la que te desenvuelves por la vida
y te envuelves en el amor.
Yo estoy aqui sentada,
mirandote cuando te cruzas por mi mente
sin necesidad de estar viendo tu imagen,
porque deseo tenerte a mi lado
pero no estás.
Entonces es cuando tomo tu mano
en la imagen de tu rostro
que tengo perennemente dando vueltas,
te abrazo, te digo mil tonterías,
reímos juntas, lloramos, y finalmente,
(como en todo final)
nos despedimos, tu con la promesa
de que seguirás rondando mi vida,
y yo guardandote en mi recuerdo,
sabiendo que en algun momento volveremos a vernos
sin necesidad de mirar a nadie.

domingo, 17 de agosto de 2008

Historia de un amor de tango

Hoy he vuelto a abrir mis ojos. Se escucha desde lejos un bandoneón en la esquina donde por primera vez la encontré. Desnuda he visto su alma, al atardecer de mi vida. Nunca pensé que llegara a ser partícipe de tan hermosa belleza.

Tan sólo una vez la vi pasar, y eso bastó para que pudiera ver de una forma diferente.

Mi padre tocaba un tango argentino con sus amigos, que me hizo recordar a aquella radiante mujer. Cruzaba la calle con su vestido rojo, con su cabello recogido en un moño, un cigarro en su mano, y la mirada que jamás voy a olvidar.

Se notaba que su corazón estaba triste y roto, y desahogaba sus penas en la esquina de ese bar, donde con su baile sensual, hacía que todos los hombres notaran su presencia. Yo estaba ahí. Bailaba con una soltura, como si su alma fuera partícipe de ese ajetreo de caderas y dolores. Su rostro brillaba, y una tenue luz lo iluminaba. Sus ojos, de un carmin encendido, voltearon su mirada hacia mi lugar. Por un momento no supe que hacer; no encontraba otro gesto que expresarle. Estaba hipnotizado. Se acercaba cada vez más hacia mí, como si quisiera decirme algo con sus ojos. Sus manos de seda acariciaron mi rostro, y desde ese momento supe que era ella.

Pasaron los días, y seguia visitando aquel bar, esperando ver a la mujer que habia robado mi corazón. Sin embargo, ella no regresaba. Decidí ir a otros lugares, intentando encontrarla, pero aquella hermosa mujer, había desaparecido.

La tristeza invadia mi alma. Tomé y tomé en el mismo lugar, hasta que entre tambaleos y mareos, logré sentarme en una banca del parque del centro. Llevaba el sombrero que mi abuelo, -que en paz descanse- me había heredado. Nunca supe si fue producto de mi ebriedad, pero esa noche, juré haber visto la silueta más sensual que jamás haya existido. La seguí, intentando caminar como un caballero (no iba a parecer un mendigo al frente de tan celestial mujer), hasta que alcancé a ver un callejón con una puerta al final. La figura corrió hasta alcanzarla, y se sentó en la grada sollozando. Después de un largo caminar, logré llegar donde se encontraba, y supe que era ella. Me senté frente a ella, tomé su mano y la besé. Parece que mi gesto la hizo recordar el tragico encuentro que tuvo, porque estalló en llanto encima de mi hombro. Después de consolarla tan sólo con caricias; limpió su cara, tomó mi mano… y el baile comenzó.

La tomaba de su cintura, y ella con soltura se movía a lo largo del callejón. Sonaban esos disonantes acordes de Piazzola, mientras ella se internaba cada vez más en esa danza de dolor y deseo. No tenia idea de donde salia la música, simplemente me dejaba guiar por ella. Me quitó el sombrero y abrió los primeros botones de mi camisa. Mi euforia era incontrolable, y aún, a lo largo de ese baile, no nos habíamos dirijido una sola palabra. Parecía como si nos hubieramos conocido toda una vida; como si esto ya estuviera destinado a pasar. El baile se hacía cada vez mas intenso, y cada vez nuestra piel se rozaba más hasta sentir el calor que habia entre los dos cuerpos. No sé si fue esa tensión, o fue producto de la elevada cantidad de alcohol que habia en mi cuerpo, que me dejé caer. Ella se incó ante mi, y me dio aire con su abanico que traía en su escote. Me preguntaba si estaba bien, si había tomado mucho, de donde era, donde vivía, porque estaba tan triste. Yo no estaba en perfecto estado mental. Contestaba incoherencias. Aún así, ella se sentaba conmigo, me abrazaba, y me decía que todo iba a estar bien. Por un momento me dejó solo, y me llevó a la habitación que había detrás de la puerta en la que ella lloraba. Le dije que me llamaba Alberto, y que la había visto bailar uno de los tangos que escribí. No sé si me creyó cuando escuchó las últimas palabras; tan sólo vi que una sonrisa iluminaba su rostro. Sentí que el cuarto se iba apagando, hasta ver desaparecer todo… Cuando desperté, me encontré recostado en un sillón. Evidentemente quedé inconciente la noche anterior. Parecía ser su casa, o al menos, el lugar donde descansaba cuando no trabajaba. Por extraño que imaginara, el lugar no era digno de una mujer de esa belleza. Tenía las cortinas rasgadas, una cocina muy antigua, y al frente de la ventana se encontraba un tocadiscos, donde sonaba L’ Evasion. Recordé que ella me había traído hasta ese lugar, pero no la veía. Me levanté, y caminé hacia la mesa, donde encontré una taza de té a medio terminar, unos sobros de pan y una foto suya que decía “María Gabriela”. ¿Sería ese su nombre? Me quedé buscando algo que pudiera decirme si era cierto, pero no vi nada. Probablemente ella había salido hacía muy poco. Decidí ir a buscarla; no tenía palabras para agradecerle tan hermoso gesto de princesa. Yo era un total desconocido para ella, y sin embargo, viví lo que nunca antes habia imaginado. Mientras caminaba por la calle, recordé las escenas de la noche anterior, y mi mente se iba entre esos pensamientos. Pasé por la banca donde estuve piantado el día anterior. ¿Estuve soñando o que? No sabía que pasaba. Su nombre quemaba mi voz: “María”. Pensaba tanto en ella que hasta tropezaba de vez en cuando por no poner atención a mi entorno. Cuando volví a mi estado normal, regresé a mi casa. Decidí descansar por un breve instante. Mi padre se encontaba de nuevo con sus amigos. Esta vez tocaban Adiós Nonino, uno de mis tangos favoritos. Me senté en un sillón a pensar, con mi sombrero en la mano, y decidí que no podía dejar pasar ni un minuto más sin ver a mi amada. Volví a la esquina donde por primera vez la vi, y reservé un lugar. Para la dicha de mis ojos, la volví a ver; pero esta vez, tras otro hombre. El hombre que probablemente la hizo sufrir el día en que llegué a consolarla. No pude soportar mi sufrimiento. Se me había roto el corazón. Tomé una pluma, un pergamino, y ebrio, y a media luz le escribí un verso conocido, que dice:

“Hoy que Dios me deja de soñar,
a mi olvido iré por Santa Fe,
sé que en nuestra esquina vos ya estás
toda de tristeza, hasta los pies.
Abrazame fuerte que por dentro
me oigo muertes, viejas muertes,
agrediendo lo que amé.
Alma
mía, vamos yendo,
llega el día, no llorés.”

Me fui de ese lugar. Me sentí totalmente humillado. Lo que sentía por esa mujer no era en vano, de verdad llegué a amarla. Yo era un tarado; ni siquiera sabia como se llamaba. No es posible que el amor sea así de sucio… La única forma de poder sacármela de la mente en esos momentos era tocando el bandoneón. Todo mi dolor, mi rabia, salía de mi corazón convertido en música. Nunca en mi vida había compuesto un tango tan brusco como el de ese día; mezcla de dolores y pasiones, que en algún momento viví.

Pasaban los días, y caminaba por las calles de Buenos Aires esperando alguna señal que me dijera que ella era esa mujer, mi mujer. Llegué al parque donde estuve ebrio aquella vez, y me senté a ver el atardecer. Después de un rato, sentí que alguien tocaba mi hombro. No le di importancia alguna. “Alberto”, escuché. Era una voz de mujer, pero aún así no me importó. Escuché unos pasos que se alejaban, y como no pude contener mi curiosidad, volteé mi cabeza. No podía dar crédito a mis ojos. A lo lejos se veía la misma silueta sensual que me enamoró. Era ella. “¡María Gabriela! ¿Sos vos?”, grité. Ella no me contestó, tan solo dio media vuelta, corrió hacia mis brazos… Y sellamos todo con un beso.

Me dijo que me amaba, y que no iba a dejar que su vida se fuera así de fácil. Yo la miré y simplemente la abracé. Caminamos por las calles, de la mano, gritando aquellos versos de “¡Vivan, vivan! ¡Los locos que inventaron el amor!”

Alberto fijó su mirada al horizonte, y divisó entre ese cielo azulado, la figura de dos pájaros que volaban juntos sin parar. En ese instante sintió como si el y ella fuésen esas aves, que volaban hacia aquel lugar, donde por primera vez, los inundó el tango.